Vengo de un paraíso colorido, distinto a este paisaje de concreto y vidrio transparente sobre cielo gris.
Vengo de la casa del palo de mango, colindante con la del palo de mamey. Vengo del sol y la palmera, de la lluvia torrencial y el sudor de medio día.
Vengo del barrio en que se le ofrece jugo a los desconocidos que tocan a la puerta y almuerzo a los familiares que llegan sin avisar.
El viento frío a veces embate fuerte y las caras sin sonrisas parecen tratar de amedrantarme, pero yo vengo de un paraíso colorido.
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