Cuantas veces no dejé de escribir porqué tenía miedo a no lograr la forma perfecta, a dejar pasar unos cuantos signos de puntuación mal puestos y a no tener suficiente tiempo para expandirme en todos los ámbitos de esa idea que quería explorar.
El perfeccionismo es un lujo que no me puedo dar, el perfeccionismo requiere tiempo y una voluntad férrea, requiere autocrítica y altos estándares. Nada hay de malo en todo eso, pero he pasado a una época de mi vida en que el único lujo que me puedo dar es el amor propio.
En un mundo que exige cada vez más de nosotros y nos exprime hasta la última gota, démonos la oportunidad de hacer lo que nos gusta sin pensar en el que dirán, sin pensar si somos los mejores o al menos buenos en lo que hacemos. Hágamos las cosas de corazón, porque nos gustan, porque nos hacen felices y disfrutemos el proceso antes que el fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario